Nuestro Legado

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El legado de Don Ernesto Zertuche y la historia que continúa

Hay historias que comienzan con un sueño, pero que con el paso de las generaciones se convierten en un legado. La historia de nuestra familia y del café es una de ellas.

A principios de la década de 1920, Don Ernesto Zertuche, siguiendo una pasión familiar que había comenzado con Don Manuel Zertuche, incursionó en la industria del café. Lo que comenzó como un proyecto familiar fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en una empresa de gran importancia, dando origen, entre otras cosas, al que se convertiría en un nombre emblemático para nuestra familia: Café Oso.

El café no fue solamente un negocio. Representó una época, un esfuerzo familiar y una forma de entender el trabajo, la tradición y las raíces. Con el tiempo, la compañía creció y llegó a tener una presencia importante, incorporando también productos que formarían parte de su identidad, como su reconocido chocolate.

Después del fallecimiento de Don Ernesto, la parte de la compañía que correspondía a su familia fue vendida por sus hijos a la familia Recio Zepeda. Sin embargo, aunque la empresa cambió de manos, la historia y el significado de Café Oso nunca dejaron de formar parte de nuestra familia.

Una de las personas que se encargó de mantener viva esa historia fue María Luisa Zertuche, hija de Don Ernesto. Ella entendió que un legado no solamente se conserva en documentos, fotografías o recuerdos, sino que también se transmite de generación en generación. Por eso, se encargó de compartir con su primer nieto, Luis, la historia de su familia, el significado de sus raíces y el recuerdo de aquel café que había sido construido por su abuelo.

Poco a poco, Luis desarrolló un amor especial por sus raíces. La historia de Café Oso dejó de ser simplemente una historia familiar para convertirse en parte de su propia identidad. El café, los recuerdos, las experiencias y la historia de sus antepasados fueron despertando en él el deseo de algún día continuar de alguna manera con aquello que había comenzado tantas décadas atrás.

Luis exploró diferentes negocios y caminos a lo largo de su vida. Pero fue después del fallecimiento de su abuela, María Luisa, cuando esa historia adquirió un nuevo significado.

Con el recuerdo de su abuela y el deseo de honrar a su bisabuelo, Luis decidió fundar Café Quatro.

Café Quatro nace así no solamente como un nuevo proyecto, sino como un homenaje. Es una manera de mirar hacia atrás para reconocer de dónde venimos y, al mismo tiempo, mirar hacia adelante para construir algo nuevo.

El nombre y la historia de Café Oso pertenecen a una etapa importante de nuestra familia. Café Quatro representa la decisión de tomar ese legado, aprender de él y darle una nueva vida para las generaciones que vienen.

Porque los legados verdaderos no consisten en repetir exactamente lo que hicieron nuestros antepasados. Consisten en recordar sus esfuerzos, valorar nuestras raíces y tener el compromiso de continuar construyendo sobre aquello que ellos comenzaron.

Más de cien años después de aquellos primeros pasos de Don Ernesto Zertuche en la industria del café, la historia continúa.

Hoy, Café Quatro lleva consigo algo más que café. Lleva una historia familiar, el recuerdo de una abuela, la inspiración de un bisabuelo y el compromiso de que las próximas generaciones conozcan y se sientan orgullosas de sus raíces.

El lugar donde el legado vuelve a comenzar

Café Quatro no se funda por casualidad en este lugar.

Este terreno es parte de nuestra historia. Fue aquí donde mi abuelo hizo su vida, donde fundó su familia, donde vio crecer a sus hijos y donde se construyeron muchos de los recuerdos que hoy forman parte de nuestra identidad.

También es aquí donde están mis primeros recuerdos de vida. Para mí, este lugar siempre fue un segundo hogar. Un lugar lleno de historias, de momentos familiares y, sobre todo, de la presencia de mi abuela María Luisa Zertuche.

Fue aquí donde tuve la oportunidad de verla, escucharla y aprender de ella. A través de sus palabras, de sus recuerdos y de su manera de vivir, fui conociendo poco a poco la historia de mi familia. Sin darme cuenta, ella fue sembrando en mí un profundo amor por mis raíces y por todo aquello que nuestros antepasados habían construido.

Gran parte de lo que soy hoy nació también de lo que aprendí de mi abuela.

Por eso, cuando llega el momento de crear Café Quatro, regresar a este lugar tenía un significado especial. No se trataba simplemente de encontrar un espacio para abrir un café. Se trataba de volver a casa.

Aquí se unen varias generaciones de una misma familia.

Aquí están las raíces de mi abuelo, los recuerdos de mi abuela, mis primeros recuerdos de vida y ahora el comienzo de una nueva historia.

Café Quatro nace en el mismo lugar donde alguna vez comenzó una parte fundamental de nuestra familia, para honrar lo que fue, celebrar lo que somos y construir lo que vendrá.

Porque quizá la mejor manera de honrar un legado no es mirar hacia atrás, sino tomar todo aquello que nos fue entregado y convertirlo en algo que pueda vivir nuevamente en las generaciones que siguen.

Y así, en este mismo lugar, la historia continúa.

De Don Manuel a Don Ernesto.
De Café Oso a Café Quatro.
De una generación a otra, el legado continúa